Mi futuro está fuera de clase

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En estos días de principios de otoño he tenido momentos de reflexión sobre mi vida y mi futuro. En realidad no se qué tiene que ver con que sea principios de otoño con todo el asunto, pero bueh, es un cacho más poético, ¿no? En fin... volviendo a lo nuestro. Como decía, estuve cruzando por esos momentos en los que uno mira hacia adelante y se busca a sí mismo (no vale pararse en frente al espejo, eh! No seas tonto) y piensa en cuál será su futuro: de qué va a vivir, con quién va a vivir, con quién va a estar casado, con quién se va a acostar mientras su mujer se pasa al portero, etc. Y de todos los futuros que vi durante esta retrospectiva-a-la-inversa el que más terror me da es el de ser profesor. No hay nada más espantoso en la vida que terminar siendo profesor. A ver, acepto a la gente que estudió toda su vida para ser profesor, para darle una oportunidad al botija para que aprenda algo, y se mantenga alejado de la boca de pasta base de la esquina. Pero no la entiendo. Uno pasa 180 días al año durante veintipico años de su vida aborreciendo el ámbito estudiantil, esperando al día en que se pueda ir del salón y no volver nunca más, y este Don Nadie viene y dice: “la educación es la base de toda sociedad, y como profesor me comprometo a cumplir mi rol en la instrucción de nuestros jóvenes”. ¡Callate pelotudo! Lo más probable es que todos tus alumnos te odien, la mayoría tenga planes secretos para matarte, la otra parte sueñe con tu muerte o, en su defecto, tu desaparición repentina y rastros-free (como sugar-free, libre de azúcar), los alumnos que sí parecen estimarte solo humedecen tus calcetines, y ni tu mujer soporta que seas tan necio. Y a pesar de tus intenciones, todos los años, justo antes de comenzar las clases, amenazan con hacer paro porque su salario es mísero. ¡Despertate nabo! ¿No te das cuenta que todos los años es lo mismo? ¡Siempre enseñando lo mismo, año tras otro, a los mismos buenos para nada de siempre, que sueñan con no volver a verte nunca más! Y después no entendés porque te estas quedando pelado, las canas son moneda corriente, y ya no podés ocultar la zapán de borracho que te está brotando. Seguro de chico soñaste con ser astronauta, o policía (o bombero, es lo mismo...) y fuiste tan gil de terminar siendo profesor. Nótese que digo “terminar siendo” porque lo más probable es que hayas estudiado para ser algo mucho más salado, como físico cuántico, y después de fracasar en el laburo, o ser despedido, o haberte jubilado, no viste otra forma de ganarte el pan (y el tinto que te bajas todas las noches) que enseñándoles a unos pobres locos a como no ser como vos. Y eso es lo que más me aterra de este potencial futuro: terminar siendo. Parece ser que es algo al que uno está predestinado, algo así como el cáncer, o la política: te tocó valor, es lo que hay. “¿Sos un fracasado? Tenemos una solución: www.profesoresalaorden.com”

1 comentarios:

Lea dijo...

Es como ser diseñador ser profesor, quien en su puta vida quiere pasarse todos los días dibujando e imaginando cosas? bueno, nosotros si.
Lo feo sería ser profesor y que no te guste serlo, por mi parte me encanta el diseño y cuando estoy aburrido trabajo, eso es lo genial.

Confucio dijo algo como "Si te gusta lo que haces entonces no es un trabajo"

Cuando alguien realmente quiere algo busca los medios, y cuando no... busca las excusas

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